jueves, 14 de julio de 2011

Del día siguiente

Cuando me enturbia la tarde, se oyen aullidos de celosías de oro y no curo del alba ni de los espacios. Es la tarde que poda los sueños y aterroriza la furia de mis brazos. Brazos envueltos en la lánguida dulzura de tu distancia. Distancia del alma escrita en un papel cuadriculado. Tan cuadriculado y vacío, que sólo la sangre, brotando de las alcantarillas, puede cumplir el oficio en este cáliz bordado de rojo.
Rojo pagado por las venas, rojo que descuartiza el instante del futuro y llena las cunetas de rastros de amantes. Rojo, del rojo de una mancha de tinta, rojo que poco a poco apaga mi nombre.

Debéis montar la guardia fantasmas translucidos, formas sin voz, podría ser que de una sola lágrima asaltara vuestro imperio.

4 comentarios:

Leonel Licea dijo...

"Debéis montar la guardia fantasmas translucidos, formas sin voz, podría ser que de una sola lágrima asaltara vuestro imperio."
Este final ya vale un poema.
Abrazos.
Leo

José María Alloza dijo...

Gracias Leo, eres un sol.
Un abrazo.

María Socorro Luis dijo...

Te digo como Leo, me gusta sobre todo el final.

También soy un sol?...

Besosunoscuantos.

José María Alloza. dijo...

Jajajaja, tu eres el Sol, la Luna y el centro de las constelaciones.
Unoscuantosmasuno.