lunes, 15 de agosto de 2011

Otra noche

Daniel Flores

No sé escribir misivas diplomáticas. Ni llanos ni hidalgos, escribo cuchillos sin academia, ateos ignorantes de la extremaunción del soneto. Son cuatro versos marineros, tambaleando dos mariposas y tres chulos de tinta. Las noches de borrachera, andan buscado rimas baratas en estrofas de puertos, allí donde bostezan las vocales de las musas públicas. Musas que abren sus paréntesis apoyadas en los muros marchitos. Las de barrios altos son más caras y de sangres azules, llevan mascaras y hablan inglés, húmedas de machos expertos en tertulias literarias. Por las calles el semen de los matices salpica las paredes de los misántropos imaginarios. Palabras de doctores en hojalata. Si te vistes de bistec, no debe extrañarte que los perros quieran comerte, decía el yogui aficionado a la dialéctica. La exclusión de la posibilidad, acarrea como consecuencia la hipertrofia de la realidad. Nada que ver con el cuento. Sin embargo no existe la razón de su no presencia. Al pie de la farola brilla la sangre del poeta, es roja y de noche todas son pardas. Yo no lo soy, aunque un día fui marinero en un naufragio.

2 comentarios:

Leonel Licea dijo...

No siempre sirve ser diplomático, ni hidalgo, mucho menos académico o creerse poeta, basta abrir el corazón y dejar el alma para decir lo que se siente, no sirve nada más. Eso sí, en cada palabra, debe quedar algo que late, que se llame corazón o vida, da lo mismo.
Un abrazo, José.
Leo

Isolda dijo...

Descubro imágenes muy hermosas, aunque el texto me haga sentir cierto dolor. Hay mucho de verdad en esos versos marineros, escritos con cuchillos sin academia.
Besos, a la luz del día.