
Si llegara la hora de morir,
dejaría huellas hipnóticas,
señales transparentes,
que borrarían los halos extraños
de tantos escenarios imaginarios,
palabras huecas disfrazadas de deseo.
Recordaría que no existía,
antes de matarse en esa nube herida,
y que ahora conoce la fecha y hora
de los reptiles atragantados,
perdidos en un rostro claridad.
Si llegara esa hora, recordaría
que amaba, cuando ya no quería,
antes del Bing Bang, antes del deseo,
antes de que se desplegara - amarga y fría-
la lluvia memoria, testamento de ese día
y sabor del cadáver silencioso.
Recordaría que a pesar del presagio,
se acostaba pensando -y cada noche crecía-
un árbol de naranjas color poesía,
vestido de translucida lencería, y este decía :
bésame, así, sin motivo, tal vez conocerás
la lujuria de los pecados desmayados.
De Escila a Caribdis ha buscado
la significación de la (i)legitima indiferencia,
ha cambiado tanto, que ni se da cuenta.
No hay nada que entender…





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