R. Mapplethorpe
Encontrarás estimado lector, escritos monstruos de sueños claroscuros, prestados, robados, inventados y algunos soñados de abrelatas zarcillos, sentimientos-alientos de controlar todo o nada de la triquiñuela desestabilizante que une la artimaña de polígrafo a la treta de la teta sanalotodo, panaceas de chollos que no son chochos de chocolate, enchufes sacacorchos de tango tuerto, hijos de bagatela; en fin una vivencia de baratija sin caña de amores, que, según los mires, pueden ser diferentes en la anatomía de la mujer sin domicilio fijo.
Y esto que pretende ser poema y que no es un tango, aunque sí parece tuerto…
De una sola palabra nos amamos,mas después parece que nos odiamos, tal vez deseos somos.Ahora el recuerdo con ira mira,su cuerpo que era liray tan enamorados estábamos.Largas penas hablamos,modo de escribir versos.¡Ay madre! Son estos polvos de locos. Continúo en español porque en latín no me atrevo y que traducirlo al griego será empeño de otro momento, si puedo. Y aunque esto parece un desamor, no lo es, más bien sería una onda de la tectónica de placas.
Excavo en las estanterías
de mis entrañas,
sin el norte magnético
de las inconsciencias
ridículas,
desposeído de las prendas
ensayadas delante del espejo
lunático,
archipiélago imprevisto
en las vísceras
de noches inciertas,
tal vez impensado impotente
de la complejidad del tiempo,
escenario -depende cómo-
de la llaga única
de tu nombre clandestino,
bailando con los cuerpos
fantasmagóricos
de atléticas gitanas,
me acuerdo de todo
o de nada, un poco,
mucho, en el ojo multicolor
de una margarita otoñal.
Sin embargo, y finalmente, confieso que me gustan las bragas de las mujeres; así ya está y punto